Recibir un diagnóstico de ataxia o convivir con la enfermedad durante años supone enfrentarse a una incertidumbre constante: cómo evolucionará, qué perdería, cómo será el futuro. Esta incertidumbre genera, con frecuencia, ansiedad y sufrimiento emocional añadido al propio impacto físico de la enfermedad.

El mindfulness —la práctica de prestar atención deliberada al momento presente, sin juzgar— no cura la ataxia. Pero puede transformar profundamente la relación que tenemos con la enfermedad y con el sufrimiento que conlleva.

"No podemos siempre controlar lo que nos pasa, pero sí podemos entrenar nuestra relación con ello."

— Jon Kabat-Zinn, fundador del programa MBSR

¿Qué es el mindfulness y qué no es?

El mindfulness no es relajarse, no pensar o "ponerse en blanco". Es observar lo que ocurre —pensamientos, sensaciones, emociones— sin reaccionar automáticamente a ello. Es una habilidad que se entrena con práctica regular, no una solución mágica ni una técnica de evasión.

Beneficios documentados en enfermedades crónicas

Numerosos estudios avalan el uso del mindfulness en personas con enfermedades crónicas y neurológicas:

  • Reducción de los niveles de ansiedad y depresión.
  • Mejora de la percepción subjetiva del dolor.
  • Mayor sensación de control y calidad de vida.
  • Mejor gestión emocional frente a los días difíciles.
  • Reducción de la fatiga relacionada con el estrés.

Prácticas adaptadas para personas con ataxia

Las prácticas de mindfulness pueden adaptarse fácilmente a las necesidades de personas con problemas de equilibrio, coordinación o fatiga. Todas las siguientes se pueden realizar sentado:

🌬️ Respiración consciente

Siéntate cómodamente, cierra los ojos. Lleva la atención a la respiración: el aire entrando, el pecho o el abdomen expandiéndose, el aire saliendo. Cuando la mente se distraiga (y lo hará), simplemente vuelve a la respiración sin juzgarte.

5-10 minutos al día

🖐️ Body scan (exploración corporal)

Tumbado o sentado, recorre mentalmente el cuerpo de pies a cabeza, notando las sensaciones de cada zona sin intentar cambiarlas. Especialmente útil para reconectar con un cuerpo que a veces "no responde como debería".

15-20 minutos

☕ Mindfulness en actividades cotidianas

Presta atención plena a una actividad diaria: tomarte un café, escuchar música, ducharte. Observa las sensaciones, los olores, los sonidos. No hace falta tiempo extra: se integra en lo que ya haces.

Cualquier momento del día

📝 Diario de gratitud

Cada noche, escribe 3 cosas que han ido bien hoy, por pequeñas que sean. Entrena al cerebro a detectar lo positivo incluso en los días difíciles. Simple, efectivo y adaptable a cualquier nivel de movilidad.

5 minutos antes de dormir

Cómo empezar

  1. Empieza con solo 5 minutos al día. La constancia importa más que la duración.
  2. Usa aplicaciones gratuitas en español como Insight Timer o Medita con El País.
  3. Si puedes, únete a un grupo de mindfulness: la práctica compartida tiene un efecto añadido.
  4. En ACMA ofrecemos sesiones de mindfulness adaptadas online. No hace falta experiencia previa.

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